jueves, 14 de julio de 2016

Misofonía y fonofobia

Aunque ya he comentado brevemente en qué consiste la misofonía y la fonofobia en Conceptos básicos sobre hiperacusia, la importancia de estos trastornos auditivos en conjunción con la hiperacusia puede ser tal que merece la pena profundizar en ellos.

Dentro de los diferentes trastornos auditivos en los que el paciente muestra intolerancia a los sonidos, la misofonía y la fonofobia son aquellos en los que, según el Dr. Jonathan Hazell, "las vías auditivas pueden funcionar con normalidad pero existe una fuerte reacción anormal del sistema límbico y el sistema nervioso autónomo a los que el sistema auditivo está íntimamente ligado". Así pues, a diferencia de la hiperacusia o el reclutamiento donde sí hay un problema fisiológico, la misofonía y la fonofobia serían trastornos de origen psicológico causados por experiencias negativas previas con determinados sonidos. Sin embargo, en el caso de la misofonía, no todos los casos se atribuyen a experiencias negativas con los sonidos. Algunos especialistas como el neurocientífico Aage R. Moller consideran que esta condición no es aprendida sino innata, y responde a alguna "anomalía fisiológica" en las zonas del cerebro activadas por el procesamiento del sonido. Por otra parte, la audióloga Marsha Johnson señala que parece haber un componente genético detrás, dado que a menudo miembros de la misma familia comparten este problema.

A diferencia de la hiperacusia, en la misofonía y la fonofobia la intolerancia a los sonidos solo se produce con sonidos específicos, concretamente aquellos con los que existe una asociación negativa de algún tipo, y es independiente de la intensidad del sonido. Por lo tanto, otros sonidos en los que no existe esa asociación negativa sino que la asociación es de placer, como por ejemplo nuestra música favorita, esos sonidos pueden ser tolerados a intensidades mucho más altas.

Aunque la misofonía y la fonofobia son independientes de la hiperacusia, a menudo aparecen junto a ésta en diferentes grados, especialmente en los casos de hiperacusia severa. Es algo que no sorprende teniendo en cuenta la enorme cantidad de sonidos cotidianos a los que las personas con hiperacusia se tienen que enfrentar día tras día, y que amenazan con hacernos recaer y perder la mejora conseguida o causarnos dolor. Cuando existen de forma conjunta no suele ser fácil distinguirlos o detectar su existencia. Por ejemplo, el miedo irracional que se desprende de quien padece fonofobia puede ser incomprendido para quien su miedo a recaer no tiene nada de irracional. Si hay una diferencia de intensidad entre los sonidos que resultan incómodos es muy probable que junto a la hiperacusia exista algún grado de misofonía. Dado que la misofonía/fonofobia requiere un tratamiento diferente a la hiperacusia y puede obstaculizar seriamente la recuperación de ésta, es muy importante detectar la posible presencia de estos trastornos.

La misofonía es un término acuñado por los neurocientíficos Jawel y Margaret Jastreboff en el 2001 para poder distinguir entre los diferentes tipos de intolerancia al sonido que detectaron. Por otra parte, Marsha Johnson utilizó el término Síndrome de Sensibilidad Selectiva al Sonido (Selective Sound Sensivity Syndrome, o abreviado como 4S) para describir casos muy similares, quizá más referidos a aquellos en los que parece haber un componente genético como causante. Aunque ambos términos se usan para referirse a prácticamente lo mismo, es el término misofonía el más ampliamente utilizado. En cualquier caso, se trata de una condición reciente que se ha estudiado muy poco y de la que queda mucho por saber.

Los sonidos cotidianos que las personas con misofonía no pueden tolerar cuando provienen de otras personas son sonidos como mascar chicle, masticar, respirar, pronunciar algunas consonantes como p/s/k, tragar, toser, sonidos provenientes de la nariz, sonidos repetitivos con ciertos objetos, taconazos o ladridos de perros, entre otros. Así pues, ante la presencia de estos sonidos, quienes sufren misofonía responden emocionalmente con incomodidad, enfado, rabia, ansiedad o incluso odio o agresividad. Al igual que ocurre con la hiperacusia, la mayoría de personas afectadas oyen perfectamente, a veces incluso mejor que la media.

Mujer frustrada por la exposición a ruido

La misofonía, al menos la que supuestamente tiene un origen genético, no tiene cura a día de hoy. Los tratamientos que se están llevando a cabo para paliar los síntomas que produce son la terapia cognitivo-conductual o el uso de generadores de sonido para enmascarar los sonidos problemáticos, que suelen ser de intensidad leve. Las personas con misofonía optan a veces por usar protección auditiva o ausentarse del lugar para evitar seguir escuchando los sonidos problemáticos. Si la misofonía está ligada a la hiperacusia, un tratamiento específico de terapia sonora con música que ayude a sustituir la respuesta emocional negativa por una positiva puede ser útil.

La fonofobia, tal como se puede deducir por la composición del nombre, es miedo o aversión a exponerse a sonidos altos (o percibidos como altos si hay hiperacusia). La exposición a esos sonidos puede provocar ansiedad, respiración fuerte o ataques de pánico. La fonofobia también es vista como una forma extrema de misofonía. Cuando la fonofobia surge a raíz de la hiperacusia el miedo se puede sentir por temor a producir algún daño en el oído interno, a pesar de que la mayoría de los sonidos que se temen son inofensivos en ese sentido. El miedo también surge por el dolor que pueden causar en los oídos y especialmente por el temor a sufrir una recaída.

Las personas con fonofobia desarrollan una hipervigilancia hacia todo aquello susceptible de provocar un sonido alto, evaluando todo en términos de la intensidad del sonido que puede producir, y anticipándose o evitando toda situación considerada peligrosa. Esta actitud junto a la imposibilidad de controlar todos los sonidos a los que se expone lleva a sufrir ansiedad, a veces incluso solo con pensar en la mera posibilidad de exponerse a un sonido considerado peligroso.

Tanto la misofonía como la fonofobia consiguen a menudo condicionar enormemente la vida de las personas que los sufren, ya que éstas empiezan a dejar de asistir a lugares donde saben van a encontrar los sonidos que no toleran. Es capaz de destruir relaciones personales, anular toda actividad social o hacer perder el trabajo. Es también habitual que quienes padecen misofonía/fonofobia se sientan incomprendidos y desamparados, pues la escasa prevalencia y desconocimiento de estos trastornos les lleva a ser tildados de excesivamente sensibles o histéricos, lo que ahonda aún más el sufrimiento que padecen.

Las opciones para tratar la fonofobia son las mismas que las ya vistas para la misofonía, a excepción del uso de generadores de sonido. En un primer momento puede ser apropiado el uso de ansiolíticos/antidepresivos para ayudar a reducir la ansiedad que produce. También puede ser de gran ayuda comprender el mecanismo por el cuál las emociones pueden originar estos trastornos y cómo son capaces de hacer percibir ciertos sonidos como más altos de lo que realmente son.


Mecanismos de la misofonía y la fonofobia


El Dr. Jonathan Hazell explica en su artículo Decreased Sound Tolerance - Hypersensivity of Hearing los mecanismos involucrados en la aparición de la misofonía y fonofobia, y que paso a resumir a continuación.

El procesamiento central del sonido en el cerebro es el lugar dónde se procesa la información neurosensorial proveniente de la cóclea en el oído interno, y está localizado en el lóbulo temporal del cerebro. Es allí, en el córtex auditivo, dónde se produce la escucha consciente. Pero antes de que el sonido llegue a la parte consciente, pasa por la parte subconsciente, donde los patrones sonoros son clasificados y preparados antes de ser derivados a la parte consciente.

El sistema auditivo central prioriza la escucha de mensajes considerados importantes entre un montón de ruido de fondo. El típico ejemplo es el de cuando somos capaces de reconocer una voz lejana y débil que pronuncia nuestro nombre entre un barullo de gente y conversaciones mientras al mismo tiempo tenemos el foco puesto en nuestra propia conversación. Esto es posible gracias a la parte subconsciente del sistema auditivo central, en el que las señales auditivas pueden ser realzadas o suprimidas en función del significado que tienen y en base a experiencias previamente aprendidas. No escuchamos nada con significado hasta que sea coincidente con algún patrón sonoro almacenado en nuestra memoria auditiva. La fuerza de esa coincidencia es la que determina la sonoridad (percepción de volumen) de un determinado sonido, el cual puede distar bastante de la intensidad real del sonido en cuestión.

Como ya hemos comentado, en la misofonía y la fonofobia hay un fuerte vínculo entre las vías auditivas y el sistema límbico y el sistema nervioso autónomo. Es este vínculo el responsable de las respuestas emocionales de molestia, enfado, miedo, etc. ante ciertos sonidos. Una vez que las experiencias negativas o creencias equivocadas sobre el sonido ya están aprendidas, el sistema límbico/autónomo responde a la parte subconsciente del sistema auditivo, programándose para dar una respuesta adecuada ante la presencia futura de esos sonidos. Esa respuesta "adecuada" resulta en una asombrosa capacidad para detectar los sonidos que hemos experimentado como negativos (aunque sean muy bajos), en la respuesta emocional y fisiológica causada por el sistema límbico/autónomo, y en un refuerzo del procesamiento del sonido de éstos y otros sonidos dando lugar a hiperacusia. El propósito de esto es el de facilitar la detección de posibles amenazas, es en realidad un mecanismo natural de defensa.

Por otra parte, cualquier cambio en el estado emocional, en concreto cambios de humor o ansiedad, pueden potenciar esta habilidad para detectar amenazas en nuestro entorno, incrementando la percepción de volumen y la irritabilidad de los sonidos. Esto a su vez lleva a que el foco de atención pase a ser el sonido intruso, lo que afecta a la concentración o a la actividad que estemos realizando. 



Referencias

Hazell, J. Decreased sound tolerance - Hypersensitivity of hearing. [online] Disponible en: http://tinnitus.org/hyperacusis-etc/

Johnson, M. Soft Sound Sensitive Syndrome. [online] Disponible en: http://www.tinnitus-audiology.com/softsound.html

Cohen, J. 2011. When a Chomp or a Slurp Is a Trigger for Outrage. [online] Disponible en: http://www.nytimes.com/2011/09/06/health/06annoy.html?_r=1




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